En este momento estás viendo Historia del anime (I). Los tres fundadores

El anime es un subgénero del cine de animación, que nació en la primera década del siglo XX dentro de Japón. Muchos lo conocen por series como Dragon Ball, One Piece y Sailor Moon, junto con las emblemáticas películas de Studio Ghibli. Sin embargo, la historia del anime es mucho más compleja, y podemos entenderla mejor cuando conocemos la inspiración de sus fundadores: las primeras piezas animadas en Europa y Estados Unidos.

Presta atención, porque vamos a decirte cómo surgió el anime en el principio de sus cien años de vida. Esta serie de seis capítulos te enseñará todo lo que necesitas para ser un experto del anime, listo para compartir los mejores artículos con tus amigos. ¿Te animas?

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¿QUÉ HABÍA ANTES DEL ANIME? EUROPA Y EE. UU.

La historia del anime nació a principios del siglo XX, poco después de que la animación lo hiciera en Europa y en Estados Unidos. Las productoras de cine japonesas, inspiradas por pequeños trabajos como el Théâtre optique de Émile Reynaud (1888), Humorous Phases of Funny Faces (1906) o Fantasmagorie (1908), de Émile Cohl, decidieron financiar las primeras obras autóctonas. Fue así como nacieron los primeros fundadores.

Antes de que llegara Disney en 1923, las películas de este tipo ni siquiera estaban reconocidas como género. Eran, en su mayoría, experimentos laboriosos en los que el dibujante pintaba con carbones o con lápices sobre una superficie poco estable con la esperanza de que sus trazos tuvieran movimiento.

El primer ejemplo de animación japonesa, descubierto el 31 de julio de 2005 por el profesor Natsuki Matsumoto en un proyector de una familia de Kyoto, es toda una declaración de intenciones: 50 fotogramas en los que un marinero escribe Katsudō Shashin («Imagen animada») en una pizarra, se da la vuelta y saluda.

Fotograma de Katsudō Shashin, el primer anime de la historia. Fuente: youtube

A día de hoy, no se sabe nada del autor. Tampoco está claro si se hizo en 1907 (un año antes de que Fantasmagorie divulgara la animación por el mundo) o fue en 1914. Sin embargo, esta la primera manifestación de animación japonesa de la que tenemos constancia.

¿CÓMO SE CREÓ EL ANIME? LOS PRIMEROS FUNDADORES

Una de las primeras compañías que se interesó por la animación japonesa fue Tennenshoku Katsudō Shashin, cuyos dirigentes le encargaron al joven mangaka Ōten Shimokawa que creara un cortometraje a su gusto. De su esfuerzo surgió el primer film comercial de este tipo: Imokawa Mukuzō Genkanban no Maki (Mukuzo Imokawa y el guardián de la entrada).

La producción de la obra no fue fácil. El primero de los fundadores tuvo que emplear cera y carboncillos sobre un cartón para dibujar a los personajes. La falta de medios le obligó a poner tinta sobre la película y luego blanquear el resultado final para lograr animaciones convincentes.

La película se estrenó en enero de 1917, y cuatro meses después vio la luz una iniciativa propia del pintor Seitaro Kitayama: Saru Kani Gassen (La batalla del mono y el cangrejo). La temática se basa en un tradicional cuento japonés en el que un mono mata a un cangrejo que termina vengándose de él a través de su descendencia.

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Fotograma de Saru Kani Gassen. Fuente: Google images

Ninguna de las dos películas se conserva en la actualidad, porque la mayoría de las producciones de animación japonesa previas a 1920 han terminado desapareciendo. Sin embargo, la tercera película que se estrenó en 1917 sí que ha sobrevivido al paso del tiempo.

Se trata de Hanawa Hekonai, Meitō no maki (Hekonai Hanawa y su nueva espada), un encargo de la compañía Kobayashi Shokai al tercero de los fundadores, Sumikazu Kouchi. En ella, un samurái se detiene a contemplar su espada, que termina rompiéndose en cuanto intenta golpear a una persona.

Cortometraje Hanawa Hekonai, Meitō no maki, de Sumikazu Kouchi

EL LEGADO DE KITAYAMA EN LA HISTORIA DEL ANIME

De los tres fundadores, solo Kitayama se dedicó por completo a la animación japonesa. Contrató a un grupo de diez jóvenes a los que enseñó sus técnicas y comenzó la realización de otras nueve películas en 1917.

Al año siguiente presentó en cines dos películas basadas en cuentos tradicionales de la época: Momotarō (la primera película animada que se estrenó en occidente) y Urashima Taro, una historia en la que un pescador salva a una tortuga y es recompensado con una visita al Palacio del dios Dragón.

Sin embargo, el auge de la animación en el país se vio cortada en seco por un suceso desastroso. El Gran terremoto de Kantō (1923) se llevó la vida de 100.000 personas, golpeó con fuerza la ciudad de Tokio y destruyó numerosos estudios de animación como el de Kitayama.

Los discípulos de los pioneros, como Sanae Yamamoto o Noburō Ōfuji, impulsarían nuevas técnicas para convertirse en auténticos maestros del anime. Fruto de su esfuerzo surgió una corriente de renovación que impulsó el anime en las décadas posteriores.

Cortometraje de Urashima Taro, una de las obras de Seitaro Kitayama. Fuente: youtube

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