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Los maestros como Sanae Yamamoto o Noburō Ōfuji plantaron la semilla del anime mientras enseñaban a jóvenes alumnos de todo Japón cómo animar sus trabajos. Pero la Segunda Guerra Mundial supuso un parón en la actividad, que no llegaría a retomarse hasta 1946.

La llegada del celuloide en la preguerra supuso toda una revolución. Este material plástico importado de Estados Unidos permitía grabar con acetato, un sustituto muy eficaz de la cartulina.

El primero que lo utilizó en la historia del anime fue el dibujante Kenzo Masaoka, un joven adinerado de Osaka que quedó maravillado por las producciones de cine que se hacían en su época.

KENZO MASAOKA EN LA HISTORIA DEL ANIME

El dibujante comenzó su carrera compaginando la interpretación con la producción de pequeños cortos de anime. No fue hasta que lo contrató Uzamasa Studio que comenzó a crear sus propios proyectos con celuloide.

Hablamos de La absurda historia de la isla de los monos. Volumen 1 (1931), el mediometraje de anime más largo hasta el momento. En él, un bebé aparece en una isla y unos monos se encargan de criarlo hasta que se convierte en un adolescente bastante problemático.

La absurda historia de la isla de los monos. Volumen 1. Fuente: Youtube

Dos años después se mudó a su propio estudio, e imitando el primer film sonoro en Japón –Mi mujer y la del vecino (1927)-, creó la primera película con sonido en la historia del anime: En el mundo del poder y las mujeres (1932).

Masaoka buscó su propio espacio creativo, fundando estudios como el Centro de Investigación artístico Masaoka. Sin embargo, la falta de fondos le obligó a cerrar sus proyectos y buscar colaboraciones con estudios consolidados dentro la industria.

Fue en 1943, en mitad de la Segunda Guerra Mundial, cuando Masaoka animó su obra prima: La araña y el tulipán. Está considerada como la única película no bélica del momento, y en ella se narra cómo una mariquita logra escapar de las garras de una sangrienta araña.

Kumo to Tulip, una película clave de Kenzo Masaoka en la historia del anime. Fuente: Youtube

Después de la Segunda Guerra Mundial, Kenzo Masoka se unió a los maestros del anime Sanae Yamamoto y Yasuji Murata para fundar la Nueva Compañía de Animación Japonesa.

En ella crearía obras de gran belleza como Flor de cerezo: fantasía de primavera (1946) y su trilogía final de películas: Tora-chan (1947-1950). La falta de visión le obligó a apartarse de la dirección poco tiempo después.

LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL EN LA HISTORIA DEL ANIME

El emperador japonés buscaba un pretexto para ampliar su área de influencia a la costa china y a las islas del Pacífico. Es por ello que, con el inicio de la Segunda Guerra Mundial, ordenó el bombardeo de Pearl Harbor en diciembre de 1941.

El anime era un medio audiovisual propicio para la propaganda de guerra, porque llegaba a todas las familias a través de la televisión. El Ministerio de la Marina decidió comisionar a sus directores para que crearan películas bélicas honrando las batallas del país nipón.

LA IMPORTANCIA DE MITSUYO SEO

Fue así como nació El mono Sankichi (1942), una serie de cortometrajes sobre los sucesos de Pearl Harbor. Su director era Mitsuyo Seo, que había colaborado con Kenzo Masaoka en la realización de sus primeras películas sonoras durante los años 30.

El siguiente trabajo de Seo también se basó en el famoso ataque aéreo, pero iba dirigida a un público infantil. Las águilas marinas de Momotaro (1943) muestra una flota de animales comandada por Momotaro, que se enfrenta a los “demonios” encarnados en los ingleses y los británicos.

Las águilas marinas de Momotaro, de 37 minutos de duración. Fuente: Youtube

El film tuvo tanto éxito que Mitsuyo Seo recibió a su cargo otras 70 personas para completar una secuela, basada en la invasión japonesa de Indonesia: Momotaro, Dios de las olas (1945).

Con una duración de 74 minutos, nos encontramos ante la primera película en la historia del anime. En ella, unos animales paracaidistas entrenados por Momotaro invaden la isla de Celebes, obligando a los ingleses que se habían establecido allí a rendirse incondicionalmente.

Momotaro, Dios de las olas, primera película en la historia del anime. Fuente: Youtube

EL CINE PERDIDO DE IKUO OISHI

Ikuo Oishi fue uno de los directores más influyentes del anime, si bien solo conocemos de él dos obras. Comenzó su carrera diseñando cartas de profesiones, y el trabajo de sus coetáneos le impulsó a probar suerte en el mundo de la animación.

Debutó con Los dos soles (1929), y cuatro años después dirigió El zorro contra el mapache (1933), un cuento folclórico en el que un zorro se disfraza de samurái y pasa la noche en un templo lleno de mapaches.

La primavera llega a Ponsuke (1934) es el segundo cortometraje de Oishi que ha llegado hasta nuestros días. A partir de ese año, el director se dedicó a rodar películas de instrucción para la Armada japonesa, pero murió en una expedición documental durante la Segunda Guerra Mundial.

EL PRIMER ESTUDIO PROFESIONAL EN LA HISTORIA DEL ANIME

El fin de la Segunda Guerra Mundial supuso un gran paso adelante para el mundo de la animación japonesa. Los directores volvieron a tratar temas creativos y ampliaron su horizonte con la llegada del cine a color a Japón.

Blancanieves (1937), el primer largometraje de Disney estrenado en 1950, marcó profundamente a dibujantes como Osamu Tezuka, que se convertiría en el mangaka más importante del país y en un futuro animador de gran calibre.

Blancanieves influyó de forma decisiva en el anime de posguerra. Fuente: eCartelera

Además, la Compañía Japonesa de Animación de Masoka y Yamamoto terminó convertirse en una filial del estudio Toga, que pasó a integrar el primer estudio de animación a gran escala en Japón: Toei Doga.

El anime había dado sus primeros pasos para profesionalizarse y comenzar su exportación a tierras extranjeras.


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