Puedo escuchar el mar: la joya perdida del Studio Ghibli

Puedo escuchar el mar: la joya perdida del Studio Ghibli

Trailer de Puedo escuchar el mar. Fuente: Madman

Contar una historia nunca es fácil y, clichés aparte, es fácil caer en los mismos tópicos una y otra vez cuando se comienza a escribir. Que si el príncipe rescata a la princesa en el castillo, que si el villano resulta ser el bueno después de cuarenta y cinco minutos… Puedo escuchar el mar es una película que escapa a todo eso.

Hay veces en que los guionistas se paran a pensar en cómo ha sido su vida antes de poner el bolígrafo sobre el papel. Piensan en los amores platónicos de su juventud y en cómo se sentían por dentro en aquella época.

Y de esas experiencias salen los temas más puros, que en nada se parecen a los que nos ofrecen Disney o Pixar.

UN ENCARGO PARA EL DIRECTOR NOVEL

Tomomi Mochizuki hizo este ejercicio de introspección hace ya 28 años, cuando en 1992 comenzó a dibujar Puedo escuchar el mar. Las cuatro películas anteriores del Studio Ghibli habían pasado por las manos de Isao Takahata y Hayao Miyazaki, dos directores consagrados, y esta nueva producción resultaría ser la primera que el estudio llevaba íntegramente a la televisión.

Y aunque Puedo escuchar el mar no tuvo mucha repercusión en las televisiones japonesas, parece increíble que tuviéramos que esperar hasta 2008 para que la película -ya doblada- se estrenara en España. Mucho ha llovido desde entonces, y aunque no tenía las expectativas muy altas cuando empecé a ver el film, he de decir que el resultado me ha dejado impresionado.

¿Cómo puede ser que algo tan bonito tardara tanto tiempo en llegar a esta orilla de mundo?

LA HISTORIA DE PUEDO ESCUCHAR EL MAR

Puedo escuchar el mar es una película muy personal, embuida de principio a fin en el halo de la nostalgia. Nos muestra la vida de dos jóvenes, compañeros de instituto en un pueblo de Japón, que conocen a una muchacha que acaba de mudarse desde Tokio para realizar sus cursos en aquel centro de enseñanza.

Poco se conoce de ella salvo que es una de las mejores estudiantes del país, y que es muy buena en el deporte. Muchos chicos suspiran por ella, incluso el amigo del protagonista, pero ninguno conoce la soledad en la que vive ni la situación familiar que atraviesa.

En una hora y diez minutos se desvela la trama, revelando los motivos que tienen los personajes para actuar como lo hacen. Aparecen los conflictos familiares, los conflictos entre profesores y alumnos, e incluso los conflictos entre los propios amigos.

CONCLUSIÓN: ¿MERECE LA PENA PUEDO ESCUCHAR EL MAR?

La diferencia es que Mochizuki utiliza todos estos elementos para introducir tensión a lo largo de Puedo escuchar el mar. Al terminar el metraje, esa tensión se libera y te preguntas por qué la nostalgia si nunca has vivido lo mismo que el director nos quiere transmitir.

Yo me paro a pensar, recuerdo situaciones tan especiales que bien podrían haberme ocurrido si viviera en Japón y fuera a un instituto en mitad de la naturaleza.

Lo recuerdo todo y me embargan ecos de otra vida. Esa es la genialidad del anime, y la magia del Studio Ghibli, que resuena en tu interior desde el primer fotograma hasta el último.

Esta entrada tiene un comentario

  1. Isa

    Muy buena crítica, se nota la pasión y el trabajo en el blog, enhorabueana!!

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